lunes, 19 de agosto de 2013

Wimbledon, el club donde el tenis es lo que era

Los socios, vestidos de blanco, hacen uso de su membrecía en el club más histórico y exclusivo de tenis.
"A lady playing tennis"
"El tenis es un deporte de élite", uno suele escuchar. La reputación, una vez establecida, es difícil de cambiar pero, con el tiempo, muchos factores de un deporte pueden irse modernizando y acompañando a su época. Antes, el tenis era un deporte de muy pocos y muy ricos y esto se puede ver en el "Wimbledon Lawn Tennis Museum": mujeres y hombre vestidos de blanco en una casa lujosa, tomando el té con la raqueta a mano.

En 1868 nace el club de tenis más conocido desde entonces. El "All England Lawn Tennis and Croquet Club" (AELTC), en Wimbledon, ese lugar donde toda la gente de dinero y nombre iba a pegarle a la pelotita -en ese entonces blanca-, con una raqueta de madera.

Cien años más tarde, comienza la "Era Abierta" del tenis. Esta época marcaba el comienzo de una "popularización" del deporte porque, con el tiempo, cualquier niño que jugara bien al tenis y fuera ayudado por la asociación de tenis de su país podría jugar profesionalmente y, más tarde, devolver al Estado el dinero invertido. Un ejemplo de lo mucho que sirvió ese cambio al tenis: Roger Federer. Él fue uno de esos niños. El tenis dejaba de ser un deporte necesariamente de ricos.

Un martes de agosto a las 12 del mediodía y todavía vacío.
Todos los torneos de tenis se modernizaron con este revolucionario cambio, cualquiera podría comprar entradas, se dejaba de jugar vestido de blanco, los clubes de tenis no buscan tanto élite, si no que comenzaron a manejarse como empresas donde el dinero lidera, no la clases social de los miembros: precios accesibles para que la mayor cantidad de gente se asocie. Pero no todos los clubes se actualizaron, hay uno en el pequeño y pintoresco poblado del sur de Londres que mantiene el tenis "como era".

¿Por qué el tenis "es como era"? El All England Lawn Tennis Club tiene sólo 375 socios -número inamovible-, 100 socios temporales que renuevan su calidad todos los años y el pequeñisimo resto son socios honorarios. Los últimos son, entre otros, los miembros de la realeza y los campeones individuales del torneo. Si la mismísima patrona del club es la Reina Isabel II y el Presidente es el Príncipe de Reino Unido, Eduardo de Kent. Parece increíble y a la vez no tanto, ya que a lo largo de la isla británica, todo está dedicado, donado y/o presidido por la casa real de la línea Windsor.

La pista del court central, en el tratamiento posterior al torneo.
El exclusivísimo club inglés tiene más de 50 pistas de tenis. Sólo 19 se utilizan durante el torneo -por supersticiones, no existe la número trece-, 22 son para práctica, 8 son de cemento y 5 canchas indoor. Las canchas del campeonato se utilizan sólo durante esas dos o tres semanas y se riegan antes del mismo, posteriormente se dejan secar, se remueve la tierra para evitar las posibles malezas y en septiembre se cubren, hasta un par de meses antes del Grand Slam, cuando se siembra el césped, que debe medir 8 milímetros de largo. El único año que fueron renovadas inmediatamente terminado el torneo y re-utilizadas fue en 2012, por los Juegos Olímpicos de Londres, año en que el escocés comenzaba a adueñarse el pasto inglés.

El verde oscuro y el violeta, los colores del AELTC.
Al ingresar al club durante la época tranquila -es decir, las 50 semanas restantes a las del torneo-, sólo parecen caminar los escasos socios del club, su staff y los visitantes del Museo para conocer sus instalaciones, pistas y todo lo que sea posible: que no es demasiad. Los lugares "menos conocidos" que se acceden son los "tea spots" (espacios de té) exclusivos para los jugadores, la sala de conferencia de prensa, el hall de entrada de los competidores, los courts centrales y, claro, la tienda de merchandising oficial para que uno consuma aquellos objetos tan "exclusivos y preciados". De verdad, uno siente que sólo va a comprar aquellos bienes una vez en la vida y el bolsillo tiende a ablandarse, al punto de que la conciencia deba detener los impulsos consumistas del visitante... o no, como algunas familias aparentemente muy pudientes, que compran hasta pares de medias con el logo del torneo porque "sólo estás aquí una vez en la vida".

Fred Perry, último campeón inglés desde 1936.
Los miembros de la institución son un muy exclusivo puñado de personas, "peces gordos" de la sociedad londinense como directores de bancos, miembros de la realeza, empresarios millonarios y jugadores ex campeones. Una de las cuestiones más curiosas del club es que para llegar a ser socio, la persona debe ser "recomendada" por cuatro miembros plenos que deben conocer al solicitante por un mínimo de tres años antes; allí la persona pasa a la larga lista de espera. La elitista comisión del club elige a los nuevos socios, si y sólo sí algún miembro se da de baja. Está de más aclarar que, siendo tan difícil entrar, son escasas las personas que se van del club. De hecho, la mayor causa de que surja una vacante es porque un miembro ha muerto. Uno de los grandes beneficios de ser socio del club, además de tener el "honor y la posibilidad de jugar vestido de blanco en aquellas verdes canchas" y codearse con "gente como ellos", es poder comprar hasta dos entradas por día durante el campeonato -si no se es socio, obtener entradas es algo así como ganar la lotería, ya que no son caras, si no muy difíciles de conseguir-.

Tener la posibilidad de conocer el club, ver aquellas canchas, caminar y admirar -sin pisar- aquel césped es una experiencia maravillosa. Pero, al menos para quien escribe este artículo y tuvo la oportunidad de experimentarlo, lleva a pensar: ¿Realmente quiero volver? Es que da la sensación, a medida que se va conociendo más acerca del torneo y el club, que es mucho el esfuerzo de un puñado de personas de ser "más" que los demás: tener más acceso, tener más exclusividad. Como si ser pocos y de cierto entorno social, los hiciera únicos y dignos de algo que el resto, no es.

Es positivo descubrir que no es así en todos los torneos y clubes, y que, aunque todavía le falte muchísimo por mejorar a quienes juegan y dirigen el tenis, de a poco se vaya saliendo de esa ridícula y hermética burbuja que no hace sino generar prejuicios y diferencias entre los deportistas y, en realidad, todas las personas.
 
El Court Central en pleno agosto... adivinen, ¿dónde está el box de la Realeza británica? (Sí, es la platea cubierta).


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